Leí en el Caretas de hoy que la frase "tenemos los taxistas más cultos del mundo" no fue inventada para los taxistas peruanos sino para los de la India. Me pregunto cómo harán para llevar su biblioteca itinerante en esos rickshaws que arrastran entre las vacas. Al menos, en la guantera de mi Daewoo yo puedo llevar algunos de los libros de mi biblioteca y escuchar a Brahms mientras me desespero entre un adjetivo de Cátulo y el bache de la cuadra seis del ejército. Me pregunto cómo se puede ser culto cuando se usa taxímetro. Considero que el método socrático de aumentar 50 céntimos al cliente para que él te pida que le rebajes un sol es el adecuado para un librepensador. Pero, a decir verdad, lo bueno en el Perú es que los clientes no son cultos ni pretenden serlo. Cuando alguien se sube adelante, apaga sin mi permiso el casette y busca el dial de regetton, yo suspiro aliviado. Una vez me tocó un sujeto empeñado en confundir una flauta con un clarinete, y que pensaba que el oboe era un árbol de la Martinica. Cuando se bajó del auto tuve que tragarme un par de ansiolíticos, con lo peligroso que es manejar dormido en Lima.

De los más jóvenes me gusta Ciorán, sobre todo porque se puede leer en la luz roja y además es muy bueno el título ése: "Del inconveniente de haber nacido". Deberían hacerlo en comic. Este es el quinto año que se lo regalo a mi sobrino Ollantita, que tiene cinco años, pero hasta ahora no se da por enterado.

Leí que el pastor evangélico Ralph Bunche decía "Me encuentro solitario cuando busco una mano y sólo encuentro puños". Seguro asistió a las navidades en casa de mis suegros. Imposible coger algo mejor que un ala de pavo remojada en plasta de manzana.

Pero no me quejo, no sé en la India pero en Lima es posible que los clientes dejen olvidados sus libros. La última vez que me pasó, fue una edición pirata de un manual para el aprovechamiento del placton. Considerando mi actual vida sexual, me alegra saber que algunos la pasan realmente bien.